Vocación sí, explotación no
Ser docente es más que una profesión; es una vocación, una fuerza interior que nos impulsa a transformar vidas, a encender la curiosidad, a construir esperanza en cada aula. La vocación nace del amor por enseñar y del compromiso con la formación humana. Pero esa entrega no debe confundirse con resignación ante la injusticia. Durante mucho tiempo se ha romantizado la idea de que el maestro todo lo soporta “porque tiene vocación”. Se le pide trabajar sin descanso, asumir funciones que no le corresponden, sacrificar su tiempo personal y su salud emocional. Esa no es vocación; eso es explotación, y ninguna vocación florece en medio del abuso o la indiferencia institucional. La verdadera vocación no exige sacrificio desmedido, sino que inspira servicio consciente y responsable. Quien tiene vocación enseña con pasión, pero también defiende su dignidad, exige condiciones justas y cuida su bienestar para poder cuidar de otros. Porque educar no es sufrir: es crecer, es acompañar, es construir j...